En este blog estaré compartiendo fragmentos de textos de todos los tiempos, particularmente aquellos que tratan del mundo mapuche -aunque también de otros asuntos -.
sábado, 14 de mayo de 2011
PRESENTACIÓN DE LIBRO "TIERRA E HISTORIA"
Imagen: Portada (detalle)
Fotografía: Erwin Quintupill. Cunco, mayo 2011
Fui invitado a la ceremonia de presentación del libro “Tierra e Historia. Estudios y controversias acerca de la historia del Pueblo Mapuche en Chile, 1950-2010”, del profesor Pedro Canales. La invitación fue para referirme a la obra. Pedro me hizo llegar un ejemplar y me pidió que estuviera allí. El libro tiene un total de 315 páginas, partiendo por un prólogo escrito por el historiador José Bengoa y una presentación del autor. A continuación viene el cuerpo del libro propiamente tal que consta de:
- Introducción
- Capítulo 1: Años de Controversia o el ingreso a la Modernidad.
- Capítulo 2: Entre fronteras: pax mitológica, nueva guerra.
- Capítulo 3: Otras miradas: de relaciones fronterizas a relaciones.
- Capítulo 4: La Hora Nütram, la hora mapuche.
- Capítulo 5: Primera década: revisión, denuncia y criminalización del movimiento mapuche.
- Conclusiones.
- Fuentes de estudio y bibliografía general.
El libro fue financiado por el Consejo Nacional de la Cultura y de Las Artes y editado por la Editorial Universidad de La Serena, en diciembre de 2010.
Como presentadora de los presentadores (¿cómo debería decirse?) estuvo la profesora Sara Carrasco Chicahual, del Archivo Regional de la Araucanía. Intervinieron, refiriéndose al libro y/o al autor el profesor Iván Inostroza, historiador que trabaja en el Archivo Regional de la Araucanía; Juan Ñanculef, actualmente director de cultura (CONADI); el autor del libro Pedro Canales, profesor de Historia y Geografía (Universidad de Santiago de Chile, magister en Ciencias Sociales Aplicadas (Universidad de la Frontera, Temuco), doctor en Procesos Sociales y Políticos en América Latina (Universidad ARCIS, Santiago); y yo. El acto se desarrolló en dependencias del Museo Regiona de la Araucanía.
Mi intervención se transcribe a continuación:
…
Lo primero que les quiero decir es que a mí me causa bastante confusión el estar acá. No es lo primero que siento, sino que lo primero que siento es gratitud por la invitación, porque no me desempeño en el ámbito de la historia. Soy profesor de biología y química, desde el año 82, y después profesor de educación básica y licenciado en educación. Y es lo que me aproximó a Pedro, porque - por ahí - nos conocimos realizando clases en la educación de adultos, en horario nocturno. Pero, me invitó básicamente porque me dedico a la poesía desde hace ya bastantes años. Allá por el 86 tuve el acierto de enviar un trabajo (a un concurso), y fue eso lo que me convenció de que la poesía era un espacio saludable, en el que yo podría contribuir a generar o a ampliar un espacio de conversación, que es un tema que también plantea Pedro en este libro. No es una cuestión que a nosotros se nos haya ocurrido, sino que nosotros lo descubrimos en el camino y nos dimos cuenta que otros ya lo habían planteado; pero, hemos querido contribuir – precisamente – a ello.
Me voy a referir principalmente a partir de las “consideraciones finales” (p 286 en adelante), porque – como les dije – la historia no es mi especialidad.
Dice allí, “…los procesos generadores de conocimiento histórico en Chile, (…), contienen en su interior fuertes componentes y aditivos que generan polémica, disputa y lucha por controlar la discusión experta acerca de los Mapuche.” (p 286)
Mientras leía esto me puse a pensar, a reflexionar una vez más, lo que muchas veces he pensado y que - de algún modo u otro - también he dado a saber en mi poesía: que este hecho ha tenido consecuencias en mí. Recordé las preguntas que me hacía en la infancia, de cuando ingresé al sistema educacional chileno formal y me encuentro con lo que la historia oficial me entregaba, y me preguntaba - en esa pequeñez mía y sin mayor capacidad de argumentar en contra - ¿será verdad lo que el libro me presenta?, porque yo tenía mi experiencia breve, chiquita, de convivencia con mi grupo familiar y de alguna manera, también con el resto del lof, de la comunidad; pero, en fin, algo no me cuadraba.
Más adelante dice, “…resulta fuertemente peligroso para el ordenamiento institucional y el estado de derecho, incorporar en la narración de la “historia nacional” los aportes de la memoria histórica popular” (p 287)
Tomé ese fragmento porque me resulta un aporte bellísimo en lo que yo hago, o creo que para el conjunto de nosotros, los mapuche en particular, porque hay una valoración de la memoria como el centro de la existencia. Me digo que una versión de la historia construida desde el olvido – mediante imposición – o la contramemoria, corre el riesgo de – tarde o temprano – provocar movimientos sociales, del mismo modo que las aguas buscan un cauce nuevo cuando el habitat en que viven ha sufrido cambios.
Ustedes saben que para el mundo mapuche todas las cosas tienen su espacio, tienen su casa; así, el agua y la memoria, también.
“El Estado habitualmente – dice en otro momento – ha hecho esto. En el fondo, no da pie para que “otro” que no sea él, pueda escribir sus experiencias de vida y el valor que a ellas le entrega. “Cautiva” a las ciencias sociales.” (p 287)
En otro ámbito, en lo educacional específicamente – en algún momento – descubrí, lo que otros ya habían descubierto, que el curriculum no es inocente. Cuestión de la que ya me había dado cuenta cuando era chiquito; pero, entonces no tenía la claridad al respecto(1). En él (en el curriculum) yace la intención clara de producir un determinado tipo de ciudadano, aunque la declaración de principios diga lo contrario. (Los que somos profesores sabemos perfectamente bien el discurso de la Reforma. Este bellísimo discurso que pretende hacer ciudadanos de excelencia, pero que en la realidad produce ciudadanos dependientes de la opinión oficializada por el Estado). Actualmente, producimos - en serie - ciudadanos no autónomos. Lo que es peor, estos ciudadanos, temen a la autonomía.
En mi opinión, esto también explica la opinión que los medios oficiales o el Estado se empeña en mantener… como los mapuche ya fuimos asimilados – “somos todos chilenos”, se escucha decir desde diferentes rincones – no se puede aceptar la idea que presentemos características de individuos capaces de tomar decisiones… “los mapuche no pueden ser autónomos, los mapuche deben estar siendo manipulados, no son competentes, no tienen habilidades, son pobres… ¡Qué van a tener!”.
(En 1992, en el contexto de las manifestaciones contrarias a la celebración del 5º centenario, fui detenido por carabineros, en Concepción. Un carabinero joven y de bigotes – ya en el interior del recinto policial – me increpó duramente y desfigurando su rostro. Me dijo: ¡ustedes no tienen historia, no tienen cultura, no tienen nada! ¡No tienen por qué andar protestando! ¡Activista!).
Canales, se hace parte de la corriente que reivindica el valor de la memoria, como herramienta que permite construir y reconstruir el fenómeno humano que llamamos historia. En mapuzugun se expresa en el zugun, es la conversación de asuntos antiguos, medianamente antiguos, recientes, etc. Y a través de estos, el hombre y la mujer pueden instalarse en el colectivo.
“…la historia oral – por citar un caso emblemático – resulta ser, hoy por hoy, uno de los símbolos de nuevas formas de concebir el trabajo del historiador…” (p 288)
Dicho así, suena potente. Y pensar que hay algunos que se preguntan ¿qué puede aportar lo mapuche a la chilenidad? Pues, la memoria; la capacidad de mantener la memoria que tanta falta le hace al chileno común (porque se la han estado quitando), entre otras cosas.
Finalizo esta intervención citando un fragmento de uno de mis poemas ELLA, EN LOS OTROS, del libro – inédito – AL OTRO LADO DEL MAR, acerca de la Muerte:
Les falta una mirada, un ojo
el otro, aquel que mira diferente
el que puede ver los movimientos del espíritu.
Con el único ojo que les queda sólo pueden ver su propio rostro
nunca el de los demás.
Así van
pequeño
las otras gentes
los pálidos de espíritu.
Y citando a Canales que dice: “los aportes de la teoría del control cultural (…) han sido preferentemente enajenadores del patrimonio histórico mapuche, además de apropiarse la facultad de escribir la historia de este pueblo…” (p 289)
(1) Para los que no trabajan en pedagogía, el curriculum tiene que ver con ese montón de contenidos que nos meten, que nos colocan al frente, que el profesor planifica y expone frente a sus alumnos, dejando un montón de asuntos de suma importancia que - sin lugar a dudas - nos hacen falta para construir un proyecto de vida.
Y NADA MÁS… POR AHORA
Ciertamente cada uno de nosotros, de acuerdo a su experiencia de vida – a sus circunstancias – puede creer o no en la existencia de divinidades que “controlan” nuestra existencia; sin embargo, para mí ellas no logran responder mis preguntas esenciales. Esto me viene ocurriendo desde los 14 años, época en la llegué a la conclusión que digo. Antes de esa fecha no tenía ninguna tranquilidad al respecto.
Eran tantas las preguntas que me hacía y que no encontraban respuesta, ni entre las gentes ni en las divinidades que me habían presentado. Posteriormente, - en parte - la cuestión no ha cambiado: Las divinidades no me han respondido nada.
Respecto al llamado Nguenechen, todo da para pensar que es un invento cristiano católico en su afán por conquistar nuestra espiritualidad, asunto en el que no han dejado de porfiar, pues en la actualidad observo – aún – el empeño de apropiarse de lo nuestro. De nuestro wexipantu, por ejemplo.
Hace un par de años vi, en El Diario Austral de Temuco, la noticia de que una iglesia o parroquia – no recuerdo bien – de Temuco, se aprestaba a realizar la celebración de - lo que en otro tiempo, ellos, porfiadamente quisieron transformar en la cristiana noche de San Juan – nuestro wexipantu.
Nuestra tradición es porfiada y gracias a ello y al trabajo político de muchos/as – en la década del 80 – resurge la celebración del wexipantu, desde una perspectiva para nada cristiana. En buena hora. La iglesia católica o una parte – la más poderosa – de ella no detiene su tarea evangelizadora que ningún mapuche con la identidad intacta les solicitará jamás, por eso no pierde oportunidad para apropiarse de esta fecha significativa. ¿cómo va a ser esto de que los peñis no crean en Dios, no tengan Dios?
Hace unos años trabajé en un colegio cristiano. Fui contratado aún sabiendo mi empleador mi condición de hereje. En muchas ocasiones conversamos sobre la fe, la evangelización cristiana en el continente y entre nosotros los mapuche y de un cuanto hay o había. Un día me di cuenta que el pastor – mi jefe –, a pesar de todo, guardaba la esperanza de que me acercara a su religión, y le hice las siguientes preguntas: ¿es que nosotros los indios de carajo, éramos infelices antes de que llegara el sacrosanto cristianismo? ¿crees tú, de verdad, que estábamos incompletos, por decirlo de alguna manera? ¿acaso no tenemos – los indígenas – una rica vida espiritual? ¿para qué querría yo ser cristiano, si el cristianismo no me ofrece nada que ya no tenga? ¿crees tú que sería mejor profesor, mejor compañero? ¿no es eso, acaso, lo que intento a diario desde mi propio modo de ver el mundo? Mi amigo de esos tiempos – recién iniciándose la transición a la democracia que lejos se encuentra – sonreía afable como acostumbraba, pero con sinceridad. Él es un hombre de fe y confiable, hasta donde recuerdo
Ustedes juzguen y procedan, según el tipo de conciencia que hayan logrado formarse en cien y tantos años de “dominación absoluta” o de invasión chilena.
Para mí, nuestros antiguos tenían una forma de ver el mundo que ha ido modificándose con el paso de los años. En la actualidad, asistimos a una realidad confusa; de ahí, entonces, que me he propuesto exponer este asunto. ¿En qué creyeron exactamente? No lo sé. La memoria es fuerte y frágil. Las generaciones post invasión se han ido muriendo con una carga de vergüenza desconocida y han guardado en su memoria una parte importante del conocimiento. Consecuencia, sin duda, de la obra constructora de la institucionalidad chilena, con el ¿beneplácito?, no, con la complicidad explícita de la cristiandad chilensis. Para mal nuestro, nos han estado matando la memoria. Para bien nuestro, las nuevas generaciones la están reclamando. La memoria es porfiada, como las aguas, como cada componente del cosmos.
Finalmente, mi propósito al crear este blog no es otro que generar una conversación entre aquellos/as que lo sigan. No pretendo convencer a nadie. Cada hombre y cada mujer debe esforzarse en generar las condiciones para ser autónomo/a de pensamiento y de acción. El reclamo de autonomía – en mi opinión – no pasa única y exclusivamente por la reivindicación territorial, sino que principalmente por la reivindicación cultural, de pensamiento y de acción, repito. Si me equivocara es porque – humanamente – existe esa posibilidad.
El tiempo de “descansar” se aproxima cada día más y un hombre – pienso – debe darse el derecho a hablar. Quedará – con toda seguridad – el misterio de lo que inexplicablemente ocurre en nuestro mundo; como por ejemplo, la desaparición de las vísceras del chancho sacrificado durante el machitun de mi tía Rosa, en la breve concavidad de tierra húmeda en un menoko cercano a su hogar, o la “carrera” realizada entre la machi Luisa y el viejo Pascual, en presencia de todos los asistentes a otro machitún.
Hay mucho que pensar.
Imagen: Respaldo de cama (detalle). Trabajo de Lino Raguileo.
Fotografía: Erwin Quintupill. Saltapura, enero 2009.
jueves, 31 de marzo de 2011
MÁS SOBRE EL LLAMADO NGUENECHEN 3
Imagen: Sahumerio.
Fotografía: Erwin Quintupill. Saltapura 31.12.10
En esta oportunidad comparto un extracto de un artículo escrito por Fray Melchor Martínez, publicado originalmente en 1806. Este personaje estuvo entre nosotros como misionero y desde esa condición se interesó por conocer sobre la vida espiritual de los mapuche de entonces. Entrega, también, información de las costumbres que observó. Fray Melchor Martínez, se inclina por considerar que Pillan no es un ser supremo y que probablemente sea una personificación de lo que ellos llaman “el Diablo”.
EL RELATO COMIENZA ASÍ:
El Reyno de Chile, descubierto y conquistado por el año de cuarenta y uno del siglo diez y seis, se halla hoy poblado, y dominado por los Españoles hasta el famoso rio llamado Biobio, que corre de Leste a Oeste, y está sito a los treinta y seis grados de latitud austral, pero desde este Rio hasta el Archipielago de Chiolé, a los cuarenta y dos de latitud, está habitado y poseído de los Indios naturales del país, que han sabido y podido conservar hasta el presente su antigua y natural libertad, a pesar de los valerosos y rapidos esfuerzos y guerras con que por mas de doscientos años casi continuos, o con cortos intervalos, han intentado los Reyes de España sujetarlos a su corona.
La Providencia Divina, incomprensible generalmente al entendimiento humano, en sus designios, nos presenta en este suceso un arcano que nos confunde y se nos haria increible si no lo tuvieramos a la vista, en la conservación de la libertad de estos barbaros, siendo constante que la conquista de estos naturales, que están todavía por conquistar, ha costado a los españoles mas sangre, mas guerras y mas caudales, y mas cuidados que todo lo restante de las Americas que posee el Rey de España.
Fray Melchor Martínez. La Iglesia y las Creencias y Costumbres de los Araucanos en Chile. Santiago de Chile, 1806. En Revista Relaciones, tomo IV, Sociedad Argentina de Antropología, 1944, pp 25.
A PRINCIPIOS DEL SIGLO 17
Cuando se descubrieron los indios de Chile, se hallaban todos en el grado mas remoto de la civilización, que es el de cazadores; pero, en la actualidad se deben considerar las dos Provincias de la cordillera y pie de la cordillera, en el de pastores, con toda propiedad; pues, no conocen otra ocupación que la guarda y cuidado de sus ganados, sin tener habitaciones fijas y permanentes, buscando siempre lugares que les proporcionen frutos silvestres, que es parte de su subsistencia, y pastos para sus ganados, en el que consiste su principal manutención.
Mas adelantados se hallan los de las tres restantes Provincias, aplicados y empleados, aunque con mucha limitación, ademas del pastoreo de sus ganados, al cultivo de las tierras, siembras de trigo, cebada, frijoles, maíz, habas, alberjas y otras semillas, ocupación que los constituye en el grado de labradores.
Estos cinco departamentos no tienen otra en que convenir mas que el idioma, que en todos es el mismo, con pequeñas variaciones en la pronunciación y en algunos terminos, pero, no reconocen gobierno comun que los una y ligue entre si, ni confederación o estatutos generales; ni cada una de las Provincias tampoco forma cuerpo particular, no teniendo cabeza suprema, ni leyes provinciales que los gobiernen y sujeten, antes bien, se hallan separados en muchas parcialidades o reducciones, que están bajo el mando (o mas bien diremos nombre) de un Cacique superior, a quien llaman Apo Guilmen, y este tiene algunos Caciques subalternos, que son cabeza de otras tantas familias o Parcialidades, que se contienen en aquella reducción, que sin duda en su origen debieron ser nueve, según lo expresa la voz Aillareque, que quiere decir nueve Rehues o Parcialidades, mas en el estado presente ya no existen en este pie, contándose en algunas reducciones catorce y dieciseis caciques, y en otras tres y cuatro.
Fray Melchor Martínez. La Iglesia y las Creencias y Costumbres de los Araucanos en Chile. Santiago de Chile, 1806. En Revista Relaciones, tomo IV, Sociedad Argentina de Antropología, 1944, pp 27-28.
…la particular circunstancia en estos de que hablamos, que nacieron, se criaron y viven en la mas perfecta libertad que se ha conocido jamás.
Fray Melchor Martínez. La Iglesia y las Creencias y Costumbres de los Araucanos en Chile. Santiago de Chile, 1806. En Revista Relaciones, tomo IV, Sociedad Argentina de Antropología, 1944, pp 29.
EL PILLAN DE LOS MISIONEROS
Los autores que han escrito historias de este Reino, y las gentes que tienen poco conocimiento de estos barbaros, suelen decir que el Pillán es la deidad de estos indios, pero, nosotros que tenemos experiencia, y razones mejor fundadas y averiguadas, sabemos que no es cierto.
Reconocen los indios al significado de esta palabra Pillán, por toda cosa que a ellos les parece sobrenatural, y así llaman Pillán al trueno, al relampago, al rayo, a la causa de los temblores de tierra, y a cualquiera otro fenómeno pavoroso que no alcanzan a conocer, pero, ellos no le adoran, ni tienen imágenes, ni culto, ni templos, ni Ministros, y ni lo reconocen por Hacedor y gobernador del Universo, ni le piden cosa buena.
Yo he procurado investigar con todo cuidado sobre este objeto, preguntando a los que entre ellos son más racionales, particularmente a los que son cristianos, dentro y fuera de la confesión; pero no saben dar mas razón, sino que el Pillán es un Ente que responde a sus adivinos, y les dice quienes son los Brujos, y cuando más les dá noticia de alguna cosa perdida o robada.
……
Algunos Misioneros son de parecer que este Pillán es el Diablo, a cuya opinión me inclino, sin asegurarlo, después que confesé algunas veces a un adivino que se hizo cristiano (entre otros muchos adivinos que se han convertido) y me refería apariciones de un ente, que por lo común no lo veía, aunque le hablaba, y solamente dos veces se le apareció en figura de India, y le decía que una persona era Bruja.
Esto no obstante, soy muy detenido y poco crédulo en estas materias, por las experiencias de otros muchos casos, que abundan entre estas Gentes, y son citados y creídos sin examen, ni crítica alguna.
También tiene alguna conección el nombre que dan a los volcanes, llamándolos Ruca Pillán, que quiere decir casa de Pillán, pero no sabemos si este nombre lo han aplicado después que los Misioneros les dieron noticia de lo que era Infierno y Diablo.
Fray Melchor Martínez. La Iglesia y las Creencias y Costumbres de los Araucanos en Chile. Santiago de Chile, 1806. En Revista Relaciones, tomo IV, Sociedad Argentina de Antropología, 1944, pp 29-30.
COMPARACIÓN
No se puede negar que el robo, la embriaguez y la ociosidad son vicios que tiene echadas raíces en estos Indios, pero siendo poco menos en aquellos Españoles, no conocen los primeros otras muchas y varias diferencias de pecado.
Algunas especies de lujuria, las intrigas y fraudes del comercio, las blasfemias y juramentos, el poco respeto a la Religion y a sus Ministros, el libertinaje y atrevimientos en materia de fé, con otros muchos vicios de lujo, que se ven en la vida civil, en la cual al mismo tiempo que son mayores las luces es tambien mas grande la malicia, no son conocidos entre estos Barbaros sencillos hasta que las introducen los Españoles.
Fray Melchor Martínez. La Iglesia y las Creencias y Costumbres de los Araucanos en Chile. Santiago de Chile, 1806. En Revista Relaciones, tomo IV, Sociedad Argentina de Antropología, 1944, pp 49.
martes, 22 de marzo de 2011
MÁS SOBRE NGUENECHEN 2
El siguiente extracto que les comparto fue tomado de Araucania i sus habitantes. Recuerdos de un viaje hecho en las provincias meridionales de Chile, en los meses de enero i febrero de 1845, escrito por Ignacio Domeyko y publicado en Santiago en el año 1846. Domeyko era en ese entonces “miembro de la Universidad de Chile” y “profesor del colejio de Coquimbo”. El texto consta de tres partes: la primera se aboca a describir la geografía del territorio ocupado por nuestros antepasados (“Situación física y naturaleza del país ocupado por los araucanos”); la segunda, a describir parte de nuestras costumbres (“Estado moral en que se hallan actualmente los indios araucanos, usos i costumbres”); y la tercera, a exponer un plan de ocupación de nuestro territorio y sus razones (“Causas que se oponen a la civilización de los indios araucanos, i medios que parecen ser más oportunos para la reducción de ellos”). Cito estos detalles para interesar a los lectores de este blog – particularmente a los jóvenes mapuche – a hurgar en estos documentos, pues en ellos podemos encontrar algunos elementos que explican nuestra actual situación. Pueden buscarlo en Internet o pedírmelo directamente.
Más adelante compartiré lo relacionado a la tercera parte del texto que presento, como también uno de Benjamín Vicuña Mackenna (1868) y otro de Cornelio Saavedra (1861). Por ahora, continuaré aportando lo referido al ámbito espiritual.
Finalmente, para Domeyko los antecedentes con que cuenta, a la fecha en que escribe, no le permiten deducir que los mapuche poseamos alguna divinidad o ser supremo.
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IGNACIO DOMEYKO: ARAUCANIA I SUS HABITANTES
No es por cierto fácil escribir sobre la moral de un pueblo, sin haber vivido con él i tomado parte en su buena i su mala suerte. No quisiera yo en esto entrar en la senda de aquellos escritores ambulantes, que al primer encuentro con un hombre tienen ya pronta una disertacion larga sobre su corazon i alma. Debe haber sobre todo mayor dificultad i escrúpulo de conciencia para un escritor, en cuanto a que para penetrar en el foco de la vida moral e intelectual de un pueblo, es preciso principiar por iniciarse en el secreto de sus creencias i supersticiones: fuente comun de que dimanan el carácter i la conducta moral del hombre.
A este respecto, cosas tan oscuras i contradictorias se han dicho sobre los Araucanos, ideas tan confusas e inciertas he oido emitir a los mismos misioneros que habian vivido entre ellos, que, segun mi concepto, nada se sabe de cierto i de seguro sobre la verdadera relijion que profesan.
Lo único que se sabe es, que carecen enteramente de culto, i por consiguiente de sacerdotes, de templos, de ídolos i de ceremonias relijiosas. Esta falta sin duda dió motivo a Ercilla para considerar a los Araucanos como
“Jente sin Dios, ni lei, aunque respeta
Aquel que fué del cielo derribado.”
Mas justo i profundo en sus investigaciones Molina, dice: “que ellos reconocen un Ente Supremo, autor de todas las cosas, al que dan el nombre de Pillan, que quiere decir espíritu por excelencia”- “que a mas de esto, creen en dioses subalternos, entre los cuales ocupa el primer lugar Cuecubú, ente maligno, autor de todos los males i de todas las desgracias”- “que a estos dioses no prestan ningun culto exterior, pero que creen en la inmortalidad del alma” etc.
En: Domeyko, Ignacio. Araucanía i sus habitantes. Imprenta Chilena. Santiago, 1846, p 38-39.
MÁS SOBRE EL LLAMADO NGUENECHEN 1
En la entrega anterior recurrí a Ricardo Latcham. En esta ocasión a Else María Waag (argentina) y a Ignacio Domeyko (chileno). Siempre con el propósito de entregar elementos básicos que sirvan para una reflexión y discusión en torno al tema de la espiritualidad, básicamente en la idea de esclarecer – si es posible – la existencia o no existencia de una divinidad o de varias en nuestro modo de ver, sentir e interpretar (cosmovisión).
A continuación lo que aporta Waag en un artículo llamado El ser supremo de los mapuche neuquinos, publicado en Revista Relaciones, Tomo IX, 1975, de la Sociedad Argentina de Antropología, y que me compartiera Germán Correa del grupo La Zaranda (visita en el último mingako cultural). En el artículo mencionado, Waag se refiere a los mapuche de la zona de Neuquen (Argentina) y concluye que el nombre del ser supremo entre nosotros es “secreto” o desconocido.
DE: “EL SER SUPREMO DE LOS MAPUCHE NEUQUINOS”
Tienen idea de un ser superior en cuanto creador de los seres y las cosas pero al que no rinden culto, como así tampoco a ningún otro ser sobrenatural, ni tienen imágenes a quienes adorar, por tanto no poseen un panteón organizado de deidades, ni disponen de templos para ceremonias religiosas colectivas, sino que para ellos existe, además de esta difusa deidad, un mundo poblado por diversas fuerzas o espíritus, algunos que les son favorables y otros desfavorables.
…………….
Los evangelizadores se vieron obligados a construir y utilizar un término que no existía en el vocabulario mapuche para expresar la noción cristiana de Dios y no se confundiera con los nombres de los atributos que se utilizaban para designar a la deidad: Pillañ, Elchen, etc.; pero que no reflejaban exactamente el concepto que querían introducir (Ver Latcham 1924: 833 y siguientes, Augusta, 1910: 243).
Nguenechen, que literalmente significa “el dueño de la gente”, “el que gobierna a la gente”, o “el dominador de la gente”, es la voz empleada por los misioneros para nominar a Dios en mapuche; al Dios cristiano que debían adorar. Además hay que tener en cuenta que la catequesis consistía en desterrar toda idea religiosa autóctona para ser reemplazada por la verdadera religión revelada, en una oposición dialéctica de paganismo-cristianismo. Es decir, había que instruirlos en la nueva religión en desmedro de sus propias convicciones y hacerlos creer y sentir que toda idea o experiencia religiosa, ajenas al dogma cristiano, era demoníaca. Los sermones del padre Valdivia constituyen testimonios muy evidentes sobre el particular .
En: Waag, Else María. El ser supremo de los mapuche neuquinos. Revista “Relaciones”. Sociedad Argentina de Antropología, Buenos Aires, 1975, pp 150-151.
EXTRACTO FINAL
Al finalizar su artículo Waag concluye que los mapuche “Todas las voces que se han analizado y se emplean para denominar a la deidad no son más que términos que designan los atributos que la califican y por medio de los cuales puede ser invocada o nombrada. Pero no se trata de una deidad innominada, sino que su auténtico nombre se guarda celosamente en secreto, sólo conocido por quienes están consagrados y jamás revelado a un extraño.
Así como hay prohibición para pronunciar el nombre del recientemente muerto, con más razón existe interdicción para el nombre de la deidad que es infinita potencialidad en posibilidad permanente.
Por el hermetismo que mantienen con respecto al término opuesto a “huecuvü”: lo demoníaco, esto es, a “lo santo”, cabe suponer que, si no se trata de la misma palabra que designa al ser supremo, por lo menos tendrá una raíz común. No se menciona por estar prohibido y muchos quizás no lo sepan, circunstancia por la cual cabría la posibilidad de que en un tiempo no muy lejano se habrá olvidado por completo, por lo menos en lo que respecta a las comunidades mapuche de Neuquén” (Waag 1975: 153-154).
En: Waag, Else María. El ser supremo de los mapuche neuquinos. Revista “Relaciones”. Sociedad Argentina de Antropología, Buenos Aires, 1975, pp 153-154.
domingo, 27 de febrero de 2011
COMENTARIO E INVITACIÓN SOBRE LO DIVINO Y LO HUMANO
Imagen: Reunión de familia posterior a gijatun
Fotografía: Erwin Quintupill. Saltapura 19.12.10
Imagen: Sahumerio
Fotografía. Erwin Quintupill. Saltapura 31.12.10
A continuación les comparto textos de Ricardo E. Latcham que fueron extraídas ‘de los capítulos centrales de la obra: “La organización social y las creencias religiosas de los antiguos araucanos”, publicada en el Tomo III, Nº 2, 3 y 4 de las “Publicaciones del Museo de Etnología y Antropología de Chile”, Santiago, Imprenta Cervantes, 1924.
Los fragmentos seleccionados por mí pertenecen a ese extracto que se publicara con el nombre de “La Religión de la Antigua Tierra de Chile” (Ediciones Kushe, Concepción, Chile, 2001.
¿Por qué me preocupan estos temas? Por varios motivos, pero, principalmente porque puedo observar una tremenda confusión. Hace unas pocas semanas, tuvimos en casa un gijatun familiar, que es similar al comunitario con la diferencia que en éste participa la familia afectada y sus invitados (algunos cercanos: familiares y amistades), y se inicia por la mañana y finaliza en la tarde del mismo día. En esta ocasión nos reunimos alrededor de 25 personas.
La cuestión es que por la noche, cuando todo había concluido, algunos de mis hermanos/as comentaron que “la bendición de la maci había estado muy bonita” o algo así; pero, el hecho es que emplearon la palabra bendición para referirse al momento del cierre del gijatun. Les comenté que no se trataba de eso, porque la bendición es un concepto cristiano y tiene sentido sólo al interior de esa cultura, que el gijatun que habíamos realizado no tenía nada de cristiano, aún cuando la maci haya tenido un pasado activo en una de sus iglesias; por último que la palabra bendición no existe en el mapuzugun. Me clavaron con sus miradas – algunos de ellos/as – y me respondieron con una pregunta, “entonces, ¿qué es?”.
Pasé a explicarles que todas las culturas antiguas tenemos palabras de agradecimiento hacia la naturaleza para el instante en que se finaliza un ritual, una rogativa (en castellano), que los aymara y otros tipo de mapuche hacen lo mismo, en su idioma, dirigiéndose a “su espacio”. (Con este “su espacio” me refiero también al tiempo, a la historia; porque, los pueblos originarios o indígenas o indios de carajo nos alimentamos de la memoria). Les comenté que esta parte final de todo tipo de gijatun, en cualquier cultura indígena u originaria o de indios de carajo existe desde mucho antes que los cristianos llegaran a nuestro territorio, que esto que ellos llamaban “bendición” no es aporte cristiano y que por eso no podemos asignarle ese nombre, porque lleva a la confusión, y que por eso un montón de “ologos” han ido escribiendo que los mapuche tenemos dios o dioses, y que los curas – en particular – encontraron muy bueno que hablaran así, porque de ese modo tenían – además – fundamentos científicos para hacer creer – sobre todo a nosotros – de que el “dios mapuche” y el cristiano son lo mismo. Esta conversación no pudo continuar, porque mis hermanos – todos mayores que yo – guardaron silencio.
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Lo de más arriba fue escrito a principios de enero. Ahora, estamos finalizando febrero.
Posteriormente, he vuelto a estar con mis hermanos. Ahora estuvimos todos en un reencuentro al que los invité en torno a la figura de nuestros padres. La actividad se realizó paralelamente al 5º Mingako Kultural, pues era mi propósito compartirlo con ellos y su descendencia (la que llegara). En algún momento, de los tres días compartidos, apareció el concepto de Nguenechen (según los “ologos”). Una de mis hermanas lo mencionaba como dios mapuche, diferente al cristiano. Nguenechen: así también lo aprendí en mis tiempos de máxima juventud, en los años 70 y 80. En ese tiempo lo único que me llamó la atención es que nunca lo había escuchado en mi lof de origen, ni a mis padres ni a ninguna otra persona mayor.
Recuerdo haber leído las Lecturas Araucanas de Fray Félix de Augusta y a Wilhem de Moesbach, y a varios más, en las pequeñas bibliotecas que algunas amistades habían logrado salvar. También en la Biblioteca de la Universidad de Concepción encontré material suficiente para mi insaciable hambre de saber. (Mis padres me pusieron en contacto con la escritura y la lectura cuando tenía cerca de los seis años de edad, y posteriormente me matricularon en la escuela del lugar). En todos los textos que abordé, aparecía el concepto Nguenechen, escrito de ese modo o parecido; sin embargo, cada vez que regresaba a casa no encontraba esa palabra entre los míos. (Si papá y mamá la conocían, lo ignoro. Ellos habían sido llevados muy niños hasta la Misión de Boroa para evangelizarlos e iniciarlos en el proceso de chilenización.)
Más adelante me fui a la lectura de crónicas antiguas. Por cierto, también La Araucana de Ercilla. Lo que me llamó la atención es que ninguno de ellos menciona a este Nguenechen. La mayoría dice que los mapuche de entonces adoran al Pillán, y lo identifican con su demonio. Estamos hablando de los siglos 17, 18, 19.
Invito a mis parientes y amigos/as a buscar en los textos del pasado alguna respuesta o aproximación a la respuesta a nuestras preguntas fundamentales. Los profesores de siempre han enseñado a creer en la retórica ajena, en las “palabras floridas”. Los profesores – instrumentos de un Estado que quiere que las cosas permanezcan sustancialmente donde mismo – enseñaron/an el conformismo y la falta de curiosidad, el desamor por la investigación. Al final de cuentas, en un país que se dice cristiano, en su Dios están todas las respuestas, y si usted se muere sin haberse preguntado o sin haber tenido las respuestas, no importa; es suficiente con creer.
Los invito a rescatar la memoria perdida, aquello que todos los regímenes han combatido en nosotros los indios de mierda o como nos quieran llamar. Los mapuche existimos satisfactoriamente en la medida que no perdemos la memoria, y la conversación (oralidad) es el vehículo por donde viaja.
Finalmente, agradeceré cualquier texto antiguo que me puedan compartir
LA RELIGIÓN DE LA ANTIGUA TIERRA DE CHILE 1
Imagen: Gijatun familia Raguileo Ñancupil
Fotografía: Erwin Quintupill. Saltapura 19.12.10
El hombre primitivo en todo lo que atañe a su culto, es muy reservado. Sus principales ceremonias se efectúan únicamente en presencia de iniciados y para el efecto forma sociedades secretas o esotéricas, cuyas operaciones son misteriosas y desconocidas a los que no son miembros de ellas. En las ceremonias públicas la mayor parte de los ritos se ejecutan por medio de símbolos, del lenguaje de gestos o por el empleo de metáforas, cuyo verdadero sentido es comprendido únicamente por los iniciados, de manera que un extraño que las presencia, pocas veces se da cuenta de lo que en realidad significan.
… en general rehúsan hablar de esta materia o si lo hacen proporcionan datos equívocos o falsos; y es solamente después de estar largo tiempo entre ellos y de haberles ganado la confianza, que puede el observador con paciencia, adquirir conceptos más o menos exacto respecto de sus verdaderas creencias y aún así, raras veces logra compenetrarse del origen y los causales de semejantes ideas.
…
Por otra parte, es muy difícil para el observador, desprenderse de todos sus prejuicios y colocarse en el mismo nivel de mentalidad que los primitivos, de manera que, muy frecuentemente las relaciones que da son viciadas por interpretaciones alejadas del modo de pensar del indígena y que dificultan en vez de aclarar la verdadera comprensión de sus ritos y ceremonias.
Estas dificultades aumentan enormemente cuando se trata de explotar las creencias religiosas de generaciones lejanas, cuyas ideas son en parte solamente reflejadas por las de sus descendientes y modificadas por un prolongado contacto con razas superiores especialmente empeñadas en hacer desaparecer todo lo que queda de las costumbres y modo de pensar antiguos.
En este caso se encuentra el culto de los araucanos. Los cronistas que describen, con pocos detalles, algunas de las fases de la exteriorización del culto, se dejaban influenciar por las preocupaciones de las épocas en que escribían. Imputaban a la obra del demonio todo lo que no comprendían o que no estaba en conformidad con su teología(1) ; error en que los ha seguido, sin mayor investigación, un buen número de escritores modernos.
…
Respecto de las ideas religiosas de los mapuche del siglo XVI, Latcham dice:
Al hablar de éstas, ante todo, debe declararse que no reconocían ninguna deidad, ni buena ni mala y que tampoco tenían nada que se asemejaba al culto divino. Sobre este punto son claros y categóricos todos los testimonios y algunos cronistas atribuyen a esta falta, la dificultad experimentada por los misioneros al querer propagar entre ellos la doctrina cristiana.
González de Nájera dice de los araucanos. “indios que se saben que no tienen religión alguna”(2).
El Padre Rosales declara que: “Son estos indios de Chile los más bárbaros de las Indias, porque ni conocen al verdadero Dios, ni tienen otros dioses, ni ídolos que adorar, culto ni adoración, ni tienen sacrificios, ni ofrendas, ni invocaciones. Sólo invocan al Pillán y ni saben si es el demonio ni quien es”(3).
El Padre Sors opina lo mismo y escribe: “¿Quién pensará jamás que un enemigo tan astuto y audaz no tuviera algún Dios a quien servir y ocurrir para los buenos sucesos y lances más apretados en que se ha visto? Pues no le tiene por que no reconoce más Dios y buenaventura que su vientre”(4).
Jerónimo Pietas dice de ellos que viven “sin tener adoración alguna”(5).
El P. Havestadt dice en su Gramática: “Los indios chilenos no tiene vocablo que expresa en todos sus significados la voz Dios”, y en otra parte añade. “No se encuentran términos que traducen los conceptos de templo, altar, sacrificio, víctima, ofrenda, y otros parecidos; ni los que pueden aplicarse a las cosas sobrenaturales, como alma, gracia, gloria, virtud, vicio, etc., en el sentido teológico”.
Estas apreciaciones, repetidas por muchos otros cronistas, son exactas en cuanto a la falta de divinidad, pero relativas respecto de los sacrificios, ofrendas, etc., pues conviene advertir que los mismos cronistas que certifican la falta absoluta de una deidad estaban convencidos que los araucanos practicaban ritos de demonismo e imputaban a estos ritos y no a la religión los sacrificios, ofrendas, etc., que observaban y por esto niegan su existencia en relación con las creencias religiosas.
…
El Padre Olivares también deja constancia de la falta de una divinidad entre los araucanos. Dice: “Los indios de Chile no solo no reconocieron aquella caterva de dioses celestes, terrenales, e infernales, altos y bajos que otras naciones gentiles.. pero más bárbaros que esto y en todo lo demás se negaron torpemente oír las voces de la razón y no reconocieron, con suma ignorancia e ingrato desconocimiento, al sumo hacedor y bienhechor nuestro; y no habiendo entre ellos conocimiento alguno de la divinidad, es consiguiente que no tuviesen templos, ni sacerdotes, ni culto, ni sacrificios”(6).
Barros Arana, citando algunos de estos cronistas y fundándose además en las opiniones del Obispo Ovando de la Imperial(7) y de Fray Melchor Martínez(8) emite el siguiente juicio respecto del punto que tratamos: “Los indios chilenos, como muchos otros indios americanos y como algunos otros pueblos, no tenían la menor idea de una divinidad. Eran propiamente ateos, entendiéndose con esta palabra no la negación de la existencia de un dios, sino la ausencia absoluta de ideas definidas sobre la materia. Inútil sería buscar en las noticias que tenemos signo de adoración ni de sentimientos religiosos”(9).
Verdad es que Molina, después de estar de acuerdo en esta cuestión con los demás cronistas en su Compendio Anónimo, se contradice en el Compendio de Historia Civil que lleva su firma diciendo en este último: “El sistema de religión de los Araucanos es simple, y acomodado a su manera libre de pensar y vivir. Ellos reconocen un ente supremo, autor de las cosas, a el cual dan el nombre de Pillán: esta voz se deriva de púlli o pilli (la alma y denota el espíritu por excelencia). Lo llaman también Guenupillán, el espíritu del cielo; Buta-gen el gran ser; Thalvave, el Tonante, Vilvemvoe, el creador de todo; Vilpepilvoe, el Omnipotente; Mollgelu, el Eterno; Avnohu, el Infinito, etc”.
Sin embargo, en este particular, Molina incurre en un error que proviene de que no conocía personalmente los indios y escribe lo que ha podido colegir de las relaciones que había podido reunir.
El Pillán no era deidad y mucho menos Ser Supremo adornado con los atributos que le asigna Molina. La mayor parte de estas voces las halló en el vocabulario de Febrés y supuso que los indios las usaban para referirse al pillán. De las palabras que reproduce, algunas eran usadas por los indios, pero en otros sentidos y las demás combinaciones adoptadas por los misioneros por no encontrar en la lengua araucana vocablos que tuviesen el significado que ellos querían expresar.
Los indios no se preocupan en ideas abstractas y si posteriormente se han servido de las expresiones anotadas y parecidas, inventadas por los misioneros, ha sido solamente al hablar de la divinidad de los cristianos y no con relación a sus propias creencias ancestrales.
Podemos citar en este respecto, el sentido moderno dado a las palabras como ngenhuenu dueño del cielo; ngenmapu, dueño de la tierra; ngenchén, dueño de la gente, etc., que fueron inventadas sobre el patrón de otras parecidas existentes, para expresar ideas de que los indios carecían.
En la lengua araucana no existen vocablos para expresar los conceptos de Dios, adoración, cielo (gloria), pecado, religión, ni de ninguna de las ideas abstractas en que abundan los cultos superiores. La mayor parte de las voces que los indios usan en su pseudo-cristianismo, son o tomadas del español o bien adaptaciones de voces indígenas cuya significación se ha cambiado, pero que los indios entienden literalmente. A esto en gran parte se debe el poco progreso verdadero que se nota en la cristianización de este pueblo; porque los misioneros creen que están explicando muy bien sus doctrinas y entretanto el indio, literal en todo lo que dice y piensa, entiende una cosa diversa. Solamente en tiempo muy recientes, con la educación de los niños naturales y la inculcación de estas ideas se ha podido decir que los indios entienden más o menos lo que se les enseña de la doctrina cristiana, pero los viejos son siempre reacios y conservan sus antiguas creencias.
En: Latcham, Ricardo E. La religión de la antigua tierra de Chile. Editorial Kushe, Concepción, Chile, 2001, pp 12-18.
A propósito de las voces o palabras aparecidas en uno de los párrafos, comento que es de mucha confusión cuando son leídos sin tener en consideración los muchos errores en que han incurrido los no hablantes del mapuche cuando han intentado escribir – a su modo o mejor dicho desde su visión de mundo – cualquier voz nuestra.
Pvjv = espíritu. En otros textos puede aparecer como püllü, pilli, púlli, etc.
Wenu = lo alto o físicamente en la parte superior.
Fvxa = grande
Fvca = viejo, antiguo
Fvta = marido
Gen = espíritu que manda un espacio o parte del mundo material.
Otras notas:
En el texto dice:
- Thalcave. Probablemente debe decir Xalcafe o el que está a cargo de los truenos y los genera.
- Vilvenmoe. Probablemente debe decir Fijgenmogen o los dueños de lo vivo.
- Vilpepilvoe. Probablemente debe decir Fijpepilfe o el que lo dice todo (y por lo tanto, lo sabe todo).
- Mollgelu. Probablemente Mogelu o el que tiene salud y está en buena condición.
- Avnohu. Probablemente Afnolu o lo que no se acaba.
Consideren la probabilidad de que yo mismo cometa error de interpretación de estas escrituras, pues como dije, es difícil llegar a imaginar
- el contexto en que escucharon estas voces y lo que escucharon
- lo que entendieron y quisieron escribir.
(1)Los destacados en negritas son míos.
(2)Desengaño y reparo de la guerra, p. 54. Historiadores de Chile, Tomo XVI.
(3)Historia del Reyno de Chile, Tomo I, p. 162.
(4)Historia del Reino de Chile, Rev. Chil. De Histo. Y Geog. Tomo XXXIX. Nº 43, 68 pp.
(5)Gay. Documentos I.P. 487.
(6)His. Sagrada, Civil y Militar, p. 50.
(7)Descripción del Chile y del Perú. S. MS.
(8)Memoria sobre las misiones viajeras en la Araucanía. MS.
(9)Historia de Chile, Tomo I, p106.
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